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@golaj

Sueño de Trenes no es solo la historia de un hombre, sino una meditación sobre la vida misma: sus pérdidas, sus silencios y la persistente necesidad de encontrar sentido en medio de todo ello.

Hace unos meses me topé con un artículo que reflexionaba sobre los problemas que enfrentamos a diario y cómo, con frecuencia, creemos que lo nuestro es lo más grande que puede sucedernos. El texto citaba al filósofo griego Sócrates, quien afirmaba: “Si todos los hombres juntaran sus desgracias en un montón para repartírselas, la mayoría se contentaría con las suyas y se marcharía”. Parto de esta idea para introducir Sueño de Trenes (2025), del director estadounidense Clint Bentley. Se trata de una obra cinematográfica que, más que narrar una sucesión de tragedias en la vida de Robert —su protagonista—, propone una reflexión profunda sobre la búsqueda de sentido en la existencia.

No entraré en detalles de la trama. Lo valioso de la película es precisamente la experiencia individual que suscita en cada espectador: ese viaje interior que nos enfrenta a una pregunta fundamental —¿cuál es mi misión en este mundo?—. Es, en cierto modo, una invitación a recuperar un principio clásico de la filosofía del que nos hemos ido alejando: el “conócete a ti mismo”.

Robert encuentra ese sentido al final de su vida, en su ocaso. Resulta especialmente significativa la frase que el narrador nos entrega: “Pero ese día de primavera, cuando había perdido todo sentido del arriba y del abajo, se sintió por fin… conectado con el todo”. Este momento me remite a las ideas del filósofo Jaime Nubiola en su libro Vivir, pensar, soñar, donde sostiene: “Una vida sin pensamiento y sin sueños no es una vida realmente humana. Pensar en nuestra propia vida nos convierte en auténticos dueños de ella; soñar nos permite organizar el futuro”.

Arn Peeples, el arquetipo del héroe

Robert comienza su vida en soledad y la termina de la misma manera. Durante un tiempo cree haberlo alcanzado todo, pero la búsqueda de lo material termina arrebatándoselo. Trabaja para engrandecer a otros mientras se empequeñece a sí mismo. En este recorrido aparece Arn Peeples, un personaje que funciona como arquetipo o mentor. Su visión queda condensada en una frase poderosa: “Solo somos niños en la tierra, recogiendo ramitas y creyendo que somos dioses”.

La película también plantea una reflexión sobre el trabajo y las prioridades. A través de ferroviarios y leñadores, se dibujan distintos modos de habitar la vida laboral: algunos viven para trabajar y terminan vacíos; otros trabajan para vivir y logran sostener un equilibrio. En este contraste, Arn introduce una mirada lúcida y serena. Ante la pregunta de si las desgracias persiguen a las personas, responde que ha visto “hombres malos ascender y hombres buenos arrodillarse”. Y al hablar de su familia, ofrece una definición profundamente humana: “Mi familia está donde quiera que alguien sonría. Nunca he estado en un lugar donde no tenga familia, excepto en Kansas”.

La señorita Thompson y las imágenes con sentido

Tras la tragedia, Robert se sumerge en el dolor e inicia una nueva búsqueda de sentido. En ese proceso aparece la señorita Thompson, quien le ofrece otra manera de comprender el duelo. La escena en la que ambos contemplan el bosque desde lo alto es una de las más significativas del film: un plano general sostenido, intercalado con primeros planos, que encuentra su fuerza en el discurso.

Ella dice: “En el bosque cada detalle es importante. Todo está entrelazado. No hay forma de saber dónde termina algo y dónde empieza otra cosa si uno presta atención. Los pequeños insectos que no vemos cumplen un papel tan vital como el río. El árbol muerto es tan importante como el vivo. Debe haber una lección ahí para nosotros (…) esperando descubrir para qué nos dejaron aquí”.

Esta secuencia encarna bien la célebre idea del cineasta francés Abel Gance: “No son las imágenes, es el alma de las imágenes”. En Sueño de Trenes, cada plano, cada diálogo y cada sonido parecen responder a esa premisa. No hay exceso ni artificio, solo una narrativa sobria que encuentra su fuerza en la sencillez. Basada en la novela de Denis Johnson, la película demuestra la capacidad de Bentley para escuchar el material original y traducirlo al lenguaje cinematográfico.

Sueño de Trenes no es solo la historia de un hombre, sino una meditación sobre la vida misma: sus pérdidas, sus silencios y la persistente necesidad de encontrar sentido en medio de todo ello.

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